[Ciberayllu]

Tirar para adelante,
mirando para atrás

Nota sobre el segundo aniversario de Ciberayllu

Domingo Martínez Castilla

 

Otra vez la tiranía de las fechas: hace dos años —que en la vida de la red equivalen a media eternidad, más o menos— se lanzó esta publicación, nacida del entusiasmo de un grupo de peruanos que hallaron en la Internet un medio de comunicación, de amistad, de contacto muy humano, de discusión. Una forma más de vida, que para quienes vivimos de las ideas (sin que necesariamente vivamos para ellas) es muy real. Los intercambios son muy vivos, y no existen las esperas de los viejos tiempos (¿cuán viejos?: digamos tres, cinco años).

Amantes de los libros y de la palabra impresa, hemos sin embargo casi renunciado a las cartas en papel, y el correo electrónico tiene mucho más de diálogo que de correspondencia. Quizás se haya perdido un poco la reflexión que suele tenerse al sentarse ante una hoja de papel, sin que necesariamente haya un sustituto. La rapidez del medio electrónico suele a veces precipitar malentendidos y crear urgencias innecesarias, y nos alarmamos, preocupamos y a veces hasta resentimos si no recibimos una respuesta en un par de días.

El medio permite otras cosas que uno no podía ni soñar una década atrás. Como Ciberayllu, sin ir más lejos, o como muchas otras publicaciones que brotan a diario en la red. Si en el mundo del papel impreso la variedad es enorme, en el de la red es prácticamente infinita, porque permite la difusión de ideas sin necesidad de recurrir a más inversión que la del tiempo. El medio aún se está decantando, y las incertidumbres persisten. Ya veremos que pasa en los años siguientes (por lo menos podemos ahora hablar de años, que no de meses).

En cuanto a Ciberayllu, se ha convertido ya en un compromiso, tanto para quienes nos leen y para quienes nos envían sus escritos, como para con nosotros mismos. Ya estamos metidos hasta el pescuezo en este asunto, y todos los días hay que robarle tiempo al tiempo para leer, editar, sugerir —y, bueno, declinar— lo que se nos envía, y por último, armarlo. No puede ser para menos: cada día, ahora, unas setenta personas pasan por nuestra portada y bajan más de cuatrocientas páginas. No parece mucho, pero es el aliciente más que suficiente.

Supongo que todos ganamos, porque no queda más remedio: suponer otra cosa sólo permitiría el mutis honesto, el apagar la luz, acá me bajo. Quienes escribimos lo hacemos ora por difundir ideas, ora por compartir lecturas, o por mostrar estilos y palabras, o por hacernos propaganda y sentir que trascendemos; o más probablemente por una combinación de esos motivos. Cada uno sabe por qué lo hace, y todos contentos.

Hemos crecido, qué duda cabe. Más de noventa trabajos que cubren muchas áreas del quehacer literario y humanístico. Y más de treinta autores que, poco a poco, empiezan a venir de muchos rincones del mundo hispanoamericano. Quienes escriben en Ciberayllu no son solo ya los miembros de ese pequeño cenáculo en donde surgió la idea; tampoco son solamente peruanos o peruanistas. Argentina, México, Costa Rica, Estados Unidos, Puerto Rico están ya muy bien representados en Ciberayllu, y esperamos seguir añadiendo países, si bien siempre será inocultable nuestra raíz profundamente peruana. Entre los peruanos, quienes escriben en Ciberayllu lo hacen por todas las latitudes y longitudes, desde Arequipa hasta Beijing.

—Corta el rollo, kuraka, que ya aburres.

—Está bien. Corto. Pero que conste que es porque ya estoy casi al cierre, y quiero que esto esté listo el primero de noviembre, día de Todos los Santos (creo que no tenemos ninguno de esos escribiendo en este barrio), víspera del día de los muertos (de los que ya tendremos muchos).

 

Domingo Martínez Castilla
Kuraka Editor de Ciberayllu.

P.S. Los halagos y regalos de cumpleaños se reciben en ciberayllu@www.ssu.missouri.edu.

© Domingo Martínez Castilla, 1998

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